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concert-3387324_1280El verano es el momento mas propicio a lo largo del año para celebrar y asistir a festivales de diversa índole. Espacios en los que el público se congrega para escuchar a un determinado grupo, conocer gente nueva, compartir con amigos y vivir una experiencia diferente se han convertido en toda una tendencia, incluso dando lugar a un nuevo tipo de turismo enfocado a la popular generación millenial. 

La celebración de este tipo de evento, supone también una transacción económica de una cierta cantidad de dinero por la entrada, que también ha cambiado y ya no es solamente un documento, sino todo un conglomerado de objetos dentro de una caja personalizada, demostrando que los organizadores saben que la experiencia del festival influye desde del momento en el que la persona decide pagar y asistir al mismo.

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Pero aún con ese valor añadido, hay festivales que tienen precio privativos para muchos y hacen que la picaresca de muchos entre en acción para intentar disfrutar pero sin tener que desembolsar ni un céntimo, como la famosa canción de mecano comentaba,  y que pone en jaque a todo el equipo de seguridad activado para la vigilancia entre otras cosas, de que la picardía no se vuelva en contra del propio festival y su reputación. 

Normalmente la seguridad para las personas que se quieren colar se palia con seguridad en la puerta y con las pulseras o códigos personalizados de cada asistente, que ayuda a saber el tiempo que ha estado dentro, en que concierto e incluso si está enlazado con su cuenta bancaria, saber cuando gasto en copas, merchandising o comida ha podido gastar durante la celebración del mismo. 

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Con estos datos podríamos decir que los asistentes a festivales son un ejemplo claro de la importancia que los datos tienen a día de hoy para seguir avanzando y tenerlo en cuenta, en este caso, en el post evento y análisis final de resultados. 

Pero la picardía no termina ahí. Hay aspectos que se han ido mejorando con los años gracias a esta acción humana en los eventos o macro eventos como festivales y que normalmente son inversamente proporcionales a la seguridad.

Pero, ¿Se tiene la misma seguridad con las personas que trabajan en el evento? Hago referencia no solo a la organización en sí, sino a la propia seguridad, limpieza, catering…

¿Qué ocurre si esa picardía va mas allá y hace que las ganas de asistir a un festival estimule la creatividad al máximo? Nos dará situaciones como la que el siguiente video muestra:

La seguridad siempre será valor añadido en un evento, no solo por los que intenten colarse, sino por otros muchos factores. De ahí que se aconseje dedicar una amplia partida presupuestaria y de tiempo a la seguridad de todo el recinto, personas que asisten (siempre bajo parámetros operacionales seguros y dentro de la ley) y personas que trabajan, sin olvidar que la seguridad no sólo es la vigilancia, conlleva mucho mas. 

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Esto será indispensable para hablar de un festival con un ambiente de trabajo oportuno y donde la experiencia de todos los que participan activa o pasivamente en él se verá influenciada en positivo. 

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